Tras la muerte de su abuelo, Sarah revisaba objetos antiguos en su ático. Entre cajas polvorientas, muebles y reliquias familiares olvidadas, descubrió un objeto inusual: una enorme cruz de madera, de casi un metro de altura.
Estaba hábilmente tallada en madera oscura y decorada con elementos de plata deslustrada. La cruz estaba envuelta en lino antiguo, y junto con su herencia, el abuelo le dejó a su nieta una extraña petición:
«Cuida esta cruz. Nunca la vendas. Si alguna vez te encuentras en apuros, observa atentamente su superficie».
Sarah no entendía a qué se refería. Así que decidió mostrar la reliquia a un experto en antigüedades.
El experto examinó cuidadosamente la cruz e inmediatamente notó la excepcional calidad de la talla. Sin embargo, al cabo de unos minutos, su atención se centró en la base. Uno de los elementos decorativos parecía ligeramente diferente a los demás. El especialista presionó con cuidado un instrumento delgado sobre el dibujo tallado.
