Las aguas frente a la costa de Nueva Zelanda parecían perfectamente tranquilas aquel día. Rob, un socorrista experimentado, nadaba con su hija Nixie y dos amigos a apenas cien metros de la orilla. Para nadadores tan expertos, esa distancia no suponía ningún peligro.
Pero, de repente, todo cambió.
Unos delfines surgieron de las profundidades. Al principio, el encuentro parecía fascinante, incluso agradable. Sin embargo, los animales pronto empezaron a comportarse de forma extraña. Comenzaron a rodear al grupo rápidamente, estrechando el círculo poco a poco. Los delfines golpeaban el agua con fuerza con sus colas e impedían que los nadadores se alejaran.
Rob intentó dirigirse hacia la orilla para sacar a su hija del círculo. Pero dos grandes delfines le cortaron el paso al instante, obligándolo a regresar junto a los demás.
No entendía qué estaba pasando. ¿Por qué aquellos animales salvajes no les dejaban llegar a la costa? ¿Por qué parecía que custodiaban los límites de un territorio invisible?

