¿Durmió toda la noche pero se despertó sin sentirse descansado? ¿Lo atribuye al estrés, al trabajo, al teléfono o a otra noche de insomnio? A veces, la razón es realmente sencilla. Sin embargo, si esa fatiga inexplicable va acompañada habitualmente de hormigueo, problemas de visión o una reacción extraña al calor, conviene prestar atención.
La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad del sistema nervioso central que puede manifestarse de formas muy inespecíficas en sus etapas iniciales. Por ello, es fácil confundir los primeros síntomas con un simple agotamiento o con las consecuencias de un estilo de vida ajetreado.
1. Fatiga que no desaparece tras dormir
La fatiga común suele remitir con el descanso. En el caso de la EM, el agotamiento puede ser mucho más intenso y desproporcionado respecto al esfuerzo físico realizado. Una persona puede despertarse tras haber dormido toda la noche y, aun así, sentirse casi totalmente privada de energía.
2. Hormigueo o entumecimiento
Es habitual que se “duerma” un pie o una mano tras permanecer sentado o tumbado en una postura incómoda. Sin embargo, la sensación de entumecimiento, hormigueo o unos extraños impulsos similares a descargas eléctricas —que aparecen sin causa aparente y duran más de lo habitual— deberían hacer saltar las alarmas.
